poema sin nombre 01

La niña sonríe mientras camina con la frente en alto, pero nadie se da cuenta, a ella tampoco le importa, porque es una máscara.

La niña habla mientras nadie levanta la mirada del teléfono y le responden con un sí ausente, sabe que no la escuchan, pero tampoco le importa porque sus palabras están vacías.

La niña mira al horizonte de la ciudad y se da cuenta que nada hace que el tiempo se detenga, sabe que por más dolor que sientan los habitantes del pueblo donde vive, todos siguen hacia la misma dirección.

La niña entiende que hacia adelante es la única dirección en la que se puede mover y por más que trate de quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, todo mundo parece estar apurado por irse de donde está.

La niña está de malhumor, ya sea su culpa o no, la niña está cansada y nada la puede alegrar.

La niña trata de olvidar y dejar todo atrás, pero el peso de su carga es más de lo que ella puede llevar.

La niña se refugia en la fe, en lo que ella quiere creer, sin embargo, su paso es lento y por más que lo intenta, no puede ir más rápido.

La niña lleva una inmensa tristeza en su espalda, de la que no vale la pena hablar. La niña tiene el corazón roto, pero de eso no quiere conversar.

La niña se acuesta todas las noches, deseando que todo esté resuelto al día siguiente, pero todo sigue igual. Nadie la entiende, pero ella tampoco entiende a nadie, porque igual que los demás, la niña está muy concentrada en sus propios problemas como para ayudar a alguien más.

La niña tiene los ojos tristes y no recuerda la última vez que disfrutó, la niña lleva el alma en luto, porque no se acuerda de como era antes, por más que lo intenta, se ve en el espejo y se da cuenta que dejó de ser niña hace mucho tiempo y no reconoce a la mujer que tiene enfrente.
Los ojos hundidos en ojeras, los hombros caídos hacia adelante y la cabeza llena de canas. Sus costillas sobresalen en el torso y su expresión la asusta. La niña toca el espejo para asegurarse que es ella y darse cuenta de su realidad.

La niña se da cuenta que la vida sigue pasando y que todo cambia, nada sigue igual. Las horas parecen más cortas, la niña no puede más.

La niña se acuesta a dormir, dando gracias por sobrevivir un día más y esboza la primera sonrisa sincera de su día, cuando espera que el mañana sea mejor.

– Maria Emma Faria R.