La intención detrás de la redundancia

28 de junio 2017

La RAE tiene distintas maneras de definir la palabra “redundancia”

1. f. Sobra o demasiada abundancia de cualquier cosa o en cualquier línea.
2. f. Repetición o uso excesivo de una palabra o concepto.
3. f. Cierta repetición de la información contenida en un mensaje, que permite, a pesar de la pérdida de una parte de este, reconstruir su contenido.

Pero, como en este mundo moderno, aparentemente todos nos damos diferentes significados a las palabras dependiendo del contexto que las contemos, la intención detrás de la redundancia de “mi propia mujer” es un poco como la tercera que propone RAE, es un recordatorio que no necesito a otro ser humano para seguir existiendo (porque, obvio, si necesité a dos para llegar a este mundo).

No lo aprendí de manera fácil, fue un camino lleno de caídas, raspones y momentos que me hicieron redefinirme como mi propia mujer. Y con esto no quiero decir que me considero parte de ninguna corriente, sino que me considero a mí solamente.

No soy la misma persona que era hace algunos pocos años atrás, tengo canas, los poros más abiertos y cada vez puedo notar más las líneas de expresión que se me van formando (aunque religiosamente me pongo cremas en la cara, no tomo sol y otros rituales femeninos que acepto porque cuidarse es, al final del día, para uno mismo); pero mi físico no es lo único que ha ido cambiando con los años, realmente, no soy la persona que era hace otros años. Soy otra versión de mí, me gusto más ahora.

Lastimosamente, y sí, lo digo así “lastimosamente”, ese proceso de gustarme más no vino de lo que te llenan nuevas oportunidades, sino del momento en que lo que ya tenías armado como esqueleto de vida se vino abajo y quedé con un canvas en blanco para pintar una nueva historia.

Y, lo que en un momento fue tan doloroso para mí, tan difícil de procesar, se convirtió en la mejor oportunidad que he tenido. La oportunidad de entender que cada cagada que me pasa, es un momento para aprender.
No soy un rayito de sol tampoco, sigo siendo la misma cascarrabias de siempre, pero si tengo la paz de que a donde voy, no tengo miedo de tener que mostrar quien soy, no tengo miedo de que me digan en lo que fallo (me duele a veces ojo, no soy de acero), pero me esfuerzo en cambiarlo si sé que es para mejor.

Mi propia mujer es ese momento de orgullo que siento cuando me demuestro que puedo sola, que si estoy con alguien es porque elijo estar con esa persona, que está bien abrir el corazón (más lastimado no puede estar), que de los problemas hay que reírse, pero contra las cosas injustas hay que levantar la voz.

Mi propia mujer es la historia que comencé a escribir en el momento que entendí, analicé, interioricé y acepté que esto es lo que hay, la vida viene y va y yo no puedo controlarla, entendí que las pasiones a veces no llegan solas y que uno tiene que caer mil veces hasta encontrarlas, que a veces si no haces lo que amas, no tiene que decir que no puedes amar lo que haces.

Mi propia mujer es el entendimiento que sólo yo soy responsable de mis decisiones y que por más miedo que tenga, voy a enfrentar las consecuencias de lo que venga, con la frente en alta, porque si me equivoqué pedir perdón no me hace menos y si fallé, reconocerlo no me hace peor persona.

Mi lucha no es por la igualdad, mi lucha es por el amor propio, por la individualidad del ser, por llegar a ser la mejor persona. Mi lucha es por mi. Mi lucha es por cada día, seguir siendo mejor. Mi premio, entender lo que significa ser mi propia mujer.

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