Día Internacional de Memma

Esta no es la clásica entrada del Día Internacional de la Mujer, es la historia de lo que fue mi día de la mujer.

Hace algunas semanas tuve que mudarme de un momento para otro, dejé a los chiquitos (las mascotas) en un hotel y me fui de pecho cual nómada a dormir donde me recibieran, gracias a las personas que me recibieron, me ofrecieron su sillón, me abrazaron o tan sólo me dieron palabras de ánimo, fueron unas de las semanas más intensas de mi vida.

Primero, dejé de sentir. Sí, mi mecanismo de defensa apaga mis sentimientos. No, no es agradable. Es horrible, se siente un vacío dentro de uno y sé, que entre menos sienta, más difícil será afrontarlo cuando el cerebro diga “dale pues, reestableciendo conexión”.

Las llaves del apartamento que me gustó para alquilar, las recibí el 28 de febrero, larga historia corta, conectar la luz ha sido una odisea, por varias razones no pude dormir en el apartamento hasta el domingo 4 de marzo.
Boom.

Sola, en un colchón inflable prestado, en el único enchufe de la casa que funcionaba (y que funciona porque aún no han arreglado lo de la luz), sin internet, sin cable. Apagué el Nintendo y me acosté, miré el techo y me di cuenta, que era mi primera noche en mi nueva casa.
Y comencé a sentir, felicidad diría cualquier persona, pero no, recuerden que yo había apagado mis sentimientos y ahora, tenía que pasar por todas las etapas que yo había “chifiado”, para ser más o menos funcional.

Hasta ayer, 8 de marzo, me quedaba dormida llorando. Mi cerebro y mi corazón corriendo a ritmos diferentes, el primero tratando de entender que había pasado y el segundo, roto por todo lo que había estado pasando.

Comenzar de nuevo da miedo y más, cuando lo haces tan seguido.

Ayer, fue la “mudanza” oficial. Fue un camión, abrimos el depósito y sacamos las cajas que tenían 6 meses esperándome. Mis cosas.
Vi como en 45 minutos quedaba vacío el espacio que elegí para guardar mi vida. Vi como se llevaban las cajas “vainas de cocina”, “libros”, “no me acuerdo que hay acá” y otros nombres poco serios, que recuerdo me hicieron la empacada más fácil.

A las 10:30 ya estaban todas las cajas en su lugar en el apartamento.
Y pasé todo el día de la mujer, siendo mi propia mujer.

Abriendo cajas, convenciéndome que puedo botarlas porque no las necesito más.
Organizando todo en donde debe ir, donde me gusta que vaya y no en la lógica de alguien más.
Buscando el lugar perfecto para la nevera de las pintas, imaginándome donde va a ir el comedor que quiero comprar (todavía no la he visto).
Lavando platos, poniendo cosas en su sitio.
Conectando la lavadora, haciendo mi primera limpieza.

Un apartamento de niña.
Mi propio espacio.

Y anoche no lloré por primera vez, porque ya pasó todo.
Por que ya regresa la calma, porque todo se acomoda.

Como dice una amiga, Loló, las cosas no suceden a veces en las circunstancias que esperamos, suceden porque tienen que pasar y era lo que tenía que ser. Ya todo está siendo, todo está fluyendo.

Y siento, puedo sentir de nuevo.
Siento miedo de no poder hacer esto.
Siento miedo de fallar de nuevo.
Siento paz por el silencio que me rodea.
Siento alegría porque tengo mi espacio.
Siento agradecimiento, porque encontré un lugar perfecto en una de las áreas que mencionaba constantemente que quería vivir.
Siento agradecimiento, porque habían otras personas interesadas en este lugar, pero el clic fue conmigo.
Siento tranquilidad, porque esta noche tengo un techo, mientras muchos duermen en cartones en la calle.

Siento alegría, porque puedo decir que esto se llama esfuerzo, dedicación y trabajo duro.
Si, muchos me apoyaron durante el camino, pero a la persona que agradezco por estar acá, es a mí, porque me maté, corrí todas las millas extras que tuve que correr por mí, tuve paciencia y creí que podían pasarme cosas buenas.

Así que este día de la mujer, me lo dediqué a mí.
Porque trabajé duro para poder conseguir lo mío.
Porque no permití que el cansancio me venciera y me rindiera.
Porque escogí a personas para que me acompañaran en este camino que han sido edificantes.
Porque aprendí a establecer prioridades.
Porque no necesito a nadie, elijo estar con alguien.
Porque me tengo a mí.
Porque tuve paciencia cuando una y otra vez se me cerraron las puertas.
Porque a pesar de que me aterran los cambios y que comenzar de nuevo me genera un montón de estrés, lo estoy haciendo.
Porque a pesar de mí, lo estoy logrando, irónicamente, gracias a mí.

8 de marzo de 2018.
Gracias por tanto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s